El verdadero mayor mal que padece Chile no es la pobreza ni la “desigualdad” tal como la entienden los filo-marxistas. El verdadero mayor mal de Chile es espiritual. Consiste en la ideologización de su clero y de sus maestros y profesores, y conduce a la ideologización de los estudiantes, convertidos en grandes masas de revolucionarios que, aunque quieren el bien de Chile, son utilizadas para destruirlo.

Dio dolor ver a miles de estudiantes marchando por la abolición de la autonomía universitaria, de la libertad académica, de la subsidiaridad, bajo consignas ideológicas cuyas consecuencias no comprendían bien. Pero ahora de todavía más dolor verlos marchar “por un Chile mejor”, sin haber pensado nunca en el problema de la articulación política (en realidad, sin haber siquiera oído hablar sobre él), sin haber reflexionado jamás sobre las diversas concepciones de los regímenes políticos, sin conocer los rudimentos más básicos de la historia reciente o clásica, sin conocer las tradiciones chilenas… Desde una ignorancia supina, producida por diseño de manipulación ideológica.

Sí, por expresa manipulación ideológica. Se ha eliminado la historia de Grecia y Roma, no vaya a ser que los estudiantes aprendan lo que es una verdadera república, que, hete aquí, nació antes de Locke, Montesquieu o Rousseau y todos los demás iluminados. Por supuesto, no aprenden nada de latín, no sea que, como enseñaba Bello, lean las fuentes clásicas y conozcan qué es la verdadera libertad política y cuáles son sus exigencias. No conocen sino retazos distorsionados de la historia de Chile que, según los libros de educación básica, no se inició con Pedro de Valdivia, sino miles de años antes (¡!). No saben nada de nada. Pero van a mejorar a Chile, porque creen que todos los males se deben al egoísmo y al neoliberalismo. Por supuesto, no tienen ni idea de cómo o cuándo nació la ideología liberal, y, por eso, lo confunden todo. Creen que la misma existencia de un mercado es “neoliberal”.

Peor aún. Cuando se les enseña algo de “filosofía” no pasa ordinariamente de Freud, Nietzsche, Marx, Heidegger, Foucault, Butler. Y así quedan presos en estas grandes pero perversas mentes, que rechazan radicalmente toda fuente de orden moral y político. Por eso se les oye decir que están ansiosos de tomar un fusil. Yo los he oído. También se les oye decir que hay que matar carabineros. Son pasto de las fieras revolucionarias, que los usan como carne de cañón.

Para colmo, se les predica que deben dar rienda suelta a sus pasiones, consumir drogas, rechazar el cristianismo y la moral clásica, si es que quieren convertirse en “liberadores” de Chile. Por supuesto, nunca han pensando seriamente en qué cosa es la libertad ni en por qué el hombre tiene libertad, ni en cuál sea su causa. Así son seducidos los jóvenes a abrazar la ideología: se les invita a “salvar a Chile” por medio del desenfreno sexual y de todo tipo, que supuestamente es una “liberación” de los “prejuicios” con que se ha “oprimido” a los hombres. Nada menos que una liberación de la “ideología” occidental y del cristianismo.

¡Oh, como decía san Pedro: cada uno es esclavo de aquél que lo vence! Los que se liberan del Lógos encarnado y de la razón natural, se sujetan a las pasiones, a los ideólogos totalitarios (que son los peores déspotas, sin rastro de compasión, como veremos pronto si las cosas siguen por el curso que llevan) y, en definitiva, a los demonios.

Sus maestros y guías espirituales se han dejado seducir por estas doctrinas engañosas. Y aun los pocos que no las han abrazado, son indulgentes con ellas porque quieren sonreír a todos y caer bien a todos, “ser amigos de todos”. Cristo nos enseñó a amar a nuestros enemigos, pero también nos exigió ser sagaces como serpientes. A los enemigos hay que amarlos, pero no hay que pensar que son amigos. Hay que saber que están muchos de ellos llenos de odio homicida. Esto no es una metáfora. Toda la legislación que han aprobado los hermanitos Bachelet-Piñera (sobre todo con Evópoli) está astutamente dirigida a perseguir a los cristianos, claramente. Toda. La ley de identidad de género, la ley de aborto, el reglamento de objeción de conciencia, la eliminación de los colegios subsidiados, etc. En Chile hay una sorda persecución de los cristianos y un silencio cómplice de muchos pastores. Más aún, un apoyo explícito de una parte del clero, que escribe constantemente en contra de los cristianos y a favor de doctrinas anti-cristianas.

Estos son los males más profundos de Chile. Si Chile es destruido, como ahora parece probable, se deberá a los falsos pastores, maestros, profesores, y también a los débiles, ansiosos del aplauso y de una falsa “amistad”. Así es. Esperemos que Chile no sea destruido, pero si lo es, no se deberá tanto a los ejecutores materiales, como a los ejecutores espirituales, como han advertido sabiamente en el pasado tantos pensadores de gran calado, como Platón, Chesterton y Voegelin.

Sólo Dios puede salvar a Chile. Y si Chile cae en el abismo totalitario, entonces los cristianos tendrán que hacer como en China en el siglo XX, como en Japón en el siglo XVII, aunque conociendo que nuestra situación es peor. Pero no olvidemos dos cosas: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”; y “mis ovejas oyen mi voz (dice Jesucristo) y nadie me las arrebatará de mi mano, porque el Padre, que me las confió, es más grande que todos”.

por Carlos A. Casanova